Historia


 

En la historia etnobiológica del estado de Nayarit, se ha evidenciado una estrecha relación entre los pueblos originarios y los recursos naturales presentes en Marismas Nacionales. En los cinco municipios incluidos en la RBMNN existen vestigios culturales.
En Nayarit se conocen seis ocupaciones culturales: la Tradición Conchera, dividida en dos complejos: Matanchen (3000-1000 a.C) y San Blas (1000 a.C.); la Tradición Tumbas de Tiro, representativa de la costa y el altiplano (300 a.C. a 600 d.C.). La Tradición Rojo sobre Bayo, representativa del epiclásico (600 a 900 d.C.) en Tuxpan y otros sitios. La Tradición Aztátlan, que floreció en todo Nayarit (900 a 1300 d.C.), y la Tradición de los Señoríos (1300 d.C. al momento del contacto español), que se localizaba entre otros sitios en Ixcuintla y Santiago (Anguiano, M, 1992).

 

Se tienen indicios de que en la planicie costera estaban asentados los wirraritari, los zayahuecos, tepehuanes tecuales y los totorames, estos últimos, habitaban de Sinaloa hasta el río Santiago y se les considera dentro de la familia lingüística cora. Alcanzaron sus mayores logros en alfarería, agricultura y pesca, pues ya conocían el uso de tapos y la conservación de pescado, además de la captura de peces y camarón, la recolección de almejas y ostiones. También se dedicaban a la recolección de sal, que cambiaban por otros productos con los pueblos vecinos (Sauer, C., 1998; Mendoza-Guerrero, E. 2002).
En lo referente a la Tradición Conchera o “concheros”, nombre otorgado por la explotación de los ambientes de costa estuarinos y porque al ir desarrollándose construyeron los primeros pueblos con las conchas de estos alimentos (Zepeda-García Moreno, G., 2001). Existen montículos de conchas en la localidad del Roblito en Tecuala, conocidos como conchales, se cree que pueden haberse dispuesto de la manera en la que están, para crear una barrera contra las inundaciones, aún no está muy claro.

Los pocos vestigios de asentamientos humanos de la época prehispánica, no resistieron los embates de la guerra y el tiempo, sin embargo se han encontrado petroglifos de la época de “Los Concheros” en los sitios de Las Parejas, Emérita, Yago, El Caballo y Acatán de las Piñas con un total de 13 grabados, entre los que destaca “La Piedra Galana”. La Isla de Mexcaltitán es un asentamiento prehispánico con construcciones modernas, los historiadores locales creen que es precisamente de esta isla de donde salieron los antiguos Mexicas para fundar Tenochitlán.
 
De “La Tradición de Aztatlán” se han encontrado vestigios de pipas que indican el cultivo del tabaco, así como pruebas que demuestran el uso del metal para elaborar agujas y anzuelos y ladrillos para la construcción de edificaciones (Anguiano, M., 1992). La comunidad de Sentispac (Tzenticpac o Centicpac) fue la cabecera del señorío del mismo nombre y estaba ocupada por Totorames que dominaban y recibían tributo de grupos Náyeris y Zayahuecos asentados en la misma región costera (Anguiano, M, 1992).

En la actualidad, no existen asentamientos de pueblos indígenas en la zona costera, sin embargo, en el estado existen 4 grupos originarios: los Náyeri, Wirrárika, Mexicaneros y Tepehuanes. Los dos primeros tienen fuertes lazos con la zona costera y dependen en gran medida del Río San Pedro, por el aporte de agua y la pesca ribereña. Tienen dos centros ceremoniales Tatei Haramara en San Blas y uno ubicado en Playa Los Corchos. En fechas recientes, se han encontrado en el ejido de Toro Mocho, tumbas con ofrendas de piedras, vasijas y un cocodrilo; además de piletas recubiertas de una cementación con concha.
Las descripciones complementarias, son conocidas por los relatos de frailes y conquistadores. En su libro IV, Fray Antonio Tello, se refiere a Santiago Ixcuintla de la siguiente manera “El pueblo de Ytzcuintlan…a orillas del Río Grande (Río Santiago),…es una tierra llana y aunque es tierra regalada por las frutas y pescados, que se cogen no sólo en el río, sino en muchos esteros que salen de la mar (Anguiano, M, 1992).

 

En la Descripción de la Nueva Galicia (Lázaro de Arregui, 1621) hace mención que la pesca en México tiene antecedentes muy remotos, aunque no especifica desde cuándo, sólo, que era practicada por numerosos pueblos prehispánicos, actividad importante en la alimentación de poblaciones asentadas en la costa y en ríos.
Se narra que por todo el Río Santiago hasta su colindancia con el estado de Jalisco, antes de la construcción de presas, existían muchos pueblos que dos de tres comidas eran producto de la pesca, se cuenta que capturaban los peces con artes de pesca rudimentarias, que constaban en pequeñas trampas a manera de tapo…(Lázaro de Arregui, 1621).
Durante la etapa colonial, se conformó un corredor comercial en el noroeste de la Nueva Galicia que iba desde Guadalajara hasta Culiacán, se señala que tuvo un gran auge pesquero en la zona que se mantuvo hasta el siglo XVII (Long-Towwell y Attolini-Lecón, 2009).

En el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), se tomó la decisión de reservar la explotación de varias especies marinas de gran valor económico a las cooperativas organizadas por el propio gobierno, convirtiendo a Nayarit en una zona altamente productiva, pero esto trajo consigo muchos conflictos entre cooperativas. En la actualidad, la costa norte de Nayarit, sigue siendo de gran productividad pesquera y agrícola, aunque ya se muestran signos de sobreexplotación de los recursos.

 
 
 

Bibliografía:
Anguiano, Marina. 1992. Nayarit Costa y Altiplanicie en el Momento del Contacto. UNAM. México D.F. pp 211.
Lázaro de Arregui, Domingo. 1621. La Descripción de la Nueva Galicia.
Long-Towwell, Janet y Attolini-Lecón, Amalia. 2009. Caminos y Mercados de México. UNAM-INAH. México D.F. pp 660.
Mendoza-Guerrero, Everardo. 2002. El Léxico de Sinaloa. Siglo XXI Editores S.A. de C.V.-Colegio de Sinaloa. México. Pp 155.
Sauer, Carl Ortwin. 1998. I. Aztatlán: frontera prehispánica mesoamericana en la costa del Pacífico. Publimex. México D.F. pp 316.
Zepeda García Moreno, Gabriela. 2001. Colección de documentos para la Arqueología de Nayarit. CONACULTA. Edo de México. Pp 224.